Conocí el evangelio desde muy joven. Desde que el Señor entró en mi corazón sentí el deseo de dedicar mi vida de tiempo completo al servicio de Dios. Pero a pesar de que sentía este deseo, Dios no me lo permitió, sino hasta mucho tiempo después, y además ya como mayor de edad. Dios me permitió casarme con Silvia Severo Juárez; procreamos cuatro hijos, dos hombres y dos mujeres: Balbier Adhonaí, Nora, Silvia Elizabeth, y Abdías Benjamín.
Me desesperaba porque parecía que Dios no me quería en su servicio de tiempo completo, pensaba que tal vez esta no era Su voluntad. Estaba muy equivocado respecto a mis pensamientos; bien dice la Biblia que los pensamientos del hombre no son los pensamientos de Dios. Quería hacer las cosas a mi modo, pero Dios ya tenía previsto todo; todo sucede como Dios quiere, de acuerdo a sus planes.
Siempre había yo tenido el deseo de ingresar a un seminario teológico para prepararme en el ministerio. Muchos hermanos me decían que no tenía caso que estudiara, puesto que yo "ya sabía mucho"; a pesar de que el Señor me ha enseñado muchas cosas, yo sabía que me hacía falta algo. Gracias a Dios pude ingresar al Seminario Teológico Bautista Mexicano en agosto de 1992. Aquel sueño que tenía desde hacía mucho tiempo se me hacía una realidad; ahora veía que Dios cumple siempre sus propósitos en sus siervos. Fue una época muy bonita mi estancia en ese hermoso lugar, el Seminario. Todos los maestros fueron “muy a todo dar" conmigo; solamente recuerdo a una hermana profesora que creo que le caía yo mal porque me acusaban mis compañeros de antifeminista y de ser un bautista recalcitrante, estrafalario y conservador – eso, lógicamente, me lo decían en broma - y ella creo que se lo creía.
Siempre había yo tenido el deseo de ingresar a un seminario teológico para prepararme en el ministerio. Muchos hermanos me decían que no tenía caso que estudiara, puesto que yo "ya sabía mucho"; a pesar de que el Señor me ha enseñado muchas cosas, yo sabía que me hacía falta algo. Gracias a Dios pude ingresar al Seminario Teológico Bautista Mexicano en agosto de 1992. Aquel sueño que tenía desde hacía mucho tiempo se me hacía una realidad; ahora veía que Dios cumple siempre sus propósitos en sus siervos. Fue una época muy bonita mi estancia en ese hermoso lugar, el Seminario. Todos los maestros fueron “muy a todo dar" conmigo; solamente recuerdo a una hermana profesora que creo que le caía yo mal porque me acusaban mis compañeros de antifeminista y de ser un bautista recalcitrante, estrafalario y conservador – eso, lógicamente, me lo decían en broma - y ella creo que se lo creía.
Ahora comprendo que antes Dios no me permitió ingresar a un seminario antes porque no estaba yo preparado espiritualmente. Antes había estado yo en un Instituto Bíblico, pero mi estancia allí fue todo un fracaso; yo apenas tenía 15 años de edad en es tiempo. Después intenté entrar otro seminario, fui aceptado pero no continué estudiando. Al Seminario Teológico Bautista Mexicano Sí ingresé formalmente, gracias a Dios.
Durante mi primer año de seminario me di cuenta que necesitaba experimentar las bendiciones del Señor de una manera más práctica. Esto es lo que me hacía falta, aprender a depender de Dios al 100%. Trabajé mucho tiempo en la Secretaría de Agricultura, donde ganaba muy buen dinero; fui maestro en varias seculares en la ciudad donde vivía, compré una casa, etc. Así es que no entré al ministerio por no tener otro trabajo que hacer. Cuando uno se encuentra sin ingresos fijos y sin recursos económicos es cuando uno valora más eficientemente las bendiciones del Señor; esto yo lo he sentido en mi vida. La lección más grande que el Señor me ha dado, ahora que estoy en su obra de tiempo completo es a depender de su bendita misericordia, esto sí que es una gran lección y una gran bendición para mí. Durante el tiempo que estuve como seminarista me di cuenta que el Señor me confirmaba su llamamiento divino a que le sirviera en su obra de tiempo completo.
Desde antes de entrar al seminario experimenté los ataques del diablo; y lo triste que estos ataques vinieron hasta de líderes cristianos. A mí me gusta hacer las cosas bien; esto me ha causado problemas con la gente, en especial con los cristianos. A pesar de los problemas para ingresar al seminario, al fin Dios me permitió ingresar. Al estar como alumno, empezaron a llegar al Director algunos malos informes de pastores; todo esto era pura calumnia, por envidia o quién sabe porqué. Me doy cuenta que todo lo malo que dijeron de mí, se convirtió en tremendas bendiciones. Pero a pesar de todos esos problemas, estudié cuatro años, terminé la licenciatura en Teología.
En mi segundo año de de estudios en el Seminario tuve la bendición de ser nombrado prefecto de los alumnos solteros del Seminario; esto después de “competir” con otros tres hermanos para este puesto. Este cargo no fue fácil obtenerlo porque habían maestros que se oponían a que yo fuera el elegido para prefecto de los jóvenes solteros. Yo deseaba el puesto porque esto me permitiría gozar de una beca de estudios, pero no lo ansiaba con obstinación, esperaba solamente la decisión de Dios, y así fue. Como seminarista recibí grandes bendiciones materiales de hermanos muy generosos; un hermano muy generoso me consiguió una ayuda de unos hermanos de una iglesia de EUA, esta ayuda me la dieron durante tres años consecutivos. Mi iglesia, que me recomendó al Seminario, en sesión de negocios acordó darme una ayuda económica mensual durante todos mis estudios; solamente durante un mes me dieron esa ayuda; le hablaba al tesorero para ver si me podía mandar mi ayuda, me contestaba “la próxima semana se lo mando”, esto jamás sucedió.
Tenía muchos gastos en el Seminario, pero Dios me suplió absolutamente todo hasta concluir mis estudios teológicos. Dejé todo en la ciudad donde vivíamos; regalamos muchas cosas; llegamos a vivir a Toluca en casa de una hermana de mi esposa; pero Dios suplió todas nuestras necesidades. Permitió que mis hijos estudiaran, le permitió un trabajo estatal a cada uno de ellos, y nos permitió a nosotros estudiar. Mi esposa acabó el plan básico de estudios en el Seminario.
Como pastor de tiempo completo en las iglesias, mi ministerio ha tenido muchos altibajos. El diablo me ha hecho la vida de “cuadritos”. Como pastor he organizado dos iglesias, he pastoreado cinco. Francamente creo que mi ministerio pastoral no ha sido exitoso. En dos iglesias tuve la intromisión de líderes de convenciones para intervenir en los asuntos internos de estas iglesias para dañarme. Es tremendo cómo algunos líderes de convenciones se meten en las iglesias para pisar el gobierno congregacional. Como dije antes, el hecho de querer hacer bien las cosas me ha causado problemas.
Creo firmemente que el motivo por el cual he tenido algunos problemas en las iglesias es debido a que he deseado aplicar la disciplina congregacional, y por hacer lo que la Biblia enseña. Sería demasiado extenso relatar los casos reales que he experimentado en la iglesia respecto a esto; además no es muy saludable, pues puede ser malinterpretado por algunos. No escribo esto porque esté amargado, traumado o frustrado en y por el ministerio; sólo lo hago para dar a conocer verdades que pueden estar aconteciendo a algunos pastores en estos momentos, y para que no se sientan solos en el ministerio. Dios me ha sanado todas las posibles heridas que he sufrido, me ha dado la capacidad de no guardar ningún rencor a los que me han ofendido.
Una iglesia me contrató para pastorearla, les dije que visitaran la iglesia que pastoreaba en ese momento para que le dijeran que yo era uno de sus candidatos para pastorearlos, esto lo hicieron cuatro meses antes de ser contratado por esta nueva iglesia. Ya cuando habían tomado una decisión me llamaron para tener una última reunión para aclarar algunos puntos, los líderes me dijeron: “le ofrecemos esto y esto y esto”. Yo les contesté que aceptaba todo lo que me ofrecían. No les puse ningún obstáculo a sus ofrecimientos, ni ninguna condición, pues no soy un asalariado del ministerio; trabajo en la Obra por devoción, convicción y vocación. Cuando tuvimos esta reunión con los líderes, uno de ellos me preguntó que cómo consideraba mi liderazgo en mi ministerio en las iglesias que había pastoreado. Ya antes les había relatado la historia de mi liderazgo como pastor, lo que ya relaté brevemente en este escrito. Uno de ellos contestó por mí y dijo que el solo hecho de haber soportado tantas vicisitudes como pastor era una prueba de un buen desarrollo como tal, porque no cualquier pastor soporta tantas calumnias y ataques a su persona y permanece como tal; esto me ayudó y ya no tuve que hablar nada. En esta iglesia fui contratado de tiempo completo para pastorearla; no es bueno relatar lo que sucedió aquí, pero fue muy triste para mí, para mi familia en general, y especialmente para mi esposa que se encontraba enferma de leucemia.
Lamentablemente mi esposa falleció de leucemia después de vivir juntos por más de cuarenta años, Dios me ha dado paz en mi corazón y me ha hecho consciente de que las cosas hay que aceptarlas como son y aceptar sobre todo su santa voluntad.
En relación al desarrollo de mi liderazgo espiritual, he aprendido que el líder no debe ser el que lo hace todo o "el sabelo todo". He aprendido a delegar. Yo se que soy pastor-maestro. Me gusta que los hermanos aprendan de la Biblia, esto a muchos no les gusta porque les es pesado aprender.
El Señor Jesucristo es mi líder por excelencia; a él debo imitar. De El aprendo que no debo hacer distinción de personas en la congregación, debo considerar a los hermanos como iguales a mí, no importando su condición, cualquiera que ésta sea. No hay ninguna razón para considerar a los hermanos inferiores a mí, ya que ellos tienen los mismos derechos delante de Dios que cualquier líder espiritual. Es triste ver en muchos líderes cristianos el sistema de manipuleo o de jerarquías en la congregación; esto va en contra de los principios cristianos. La iglesia es el Cuerpo de Cristo; nosotros hemos sido puestos para cuidar de ella, no para destruirla o dividirla.
A veces, como líder de la congregación me entra el desconsuelo por la apatía de los hermanos en cuanto al trabajo en la iglesia, entra el desánimo, la indiferencia. Hasta, injustamente, me han echado la culpa de que por mi causa algunas personas se van de la congregación. Pero me refugio en Dios, y él me anima a continuar firme. Pero también aprendo de los hermanos que tienen más experiencia en este campo. He aprendido a depender de Dios y a confiar que él estará conmigo siempre. Como líder espiritual he aprendido a confiar en las promesas que Dios me da en su palabra, las cuales son fieles e infalibles. Uno debe tener la disposición de aprender de otros, esto es indicio de madurez espiritual.
También cuando uno trata de aprender de otros es un indicio de humildad. Esta palabra, humildad, es clave en el liderazgo espiritual; nadie quiere ser humilde, la tendencia es estar sobre los demás, Dios me demanda humillación ante su presencia (2 Cr. 7:14; 1 Pd. 5:6); si tomo en cuenta este principio, todos los programas de liderazgo que emprenda tendrán éxito.
En relación al desarrollo de mi liderazgo espiritual, he aprendido que el líder no debe ser el que lo hace todo o "el sabelo todo". He aprendido a delegar. Yo se que soy pastor-maestro. Me gusta que los hermanos aprendan de la Biblia, esto a muchos no les gusta porque les es pesado aprender.
El Señor Jesucristo es mi líder por excelencia; a él debo imitar. De El aprendo que no debo hacer distinción de personas en la congregación, debo considerar a los hermanos como iguales a mí, no importando su condición, cualquiera que ésta sea. No hay ninguna razón para considerar a los hermanos inferiores a mí, ya que ellos tienen los mismos derechos delante de Dios que cualquier líder espiritual. Es triste ver en muchos líderes cristianos el sistema de manipuleo o de jerarquías en la congregación; esto va en contra de los principios cristianos. La iglesia es el Cuerpo de Cristo; nosotros hemos sido puestos para cuidar de ella, no para destruirla o dividirla.
A veces, como líder de la congregación me entra el desconsuelo por la apatía de los hermanos en cuanto al trabajo en la iglesia, entra el desánimo, la indiferencia. Hasta, injustamente, me han echado la culpa de que por mi causa algunas personas se van de la congregación. Pero me refugio en Dios, y él me anima a continuar firme. Pero también aprendo de los hermanos que tienen más experiencia en este campo. He aprendido a depender de Dios y a confiar que él estará conmigo siempre. Como líder espiritual he aprendido a confiar en las promesas que Dios me da en su palabra, las cuales son fieles e infalibles. Uno debe tener la disposición de aprender de otros, esto es indicio de madurez espiritual.
También cuando uno trata de aprender de otros es un indicio de humildad. Esta palabra, humildad, es clave en el liderazgo espiritual; nadie quiere ser humilde, la tendencia es estar sobre los demás, Dios me demanda humillación ante su presencia (2 Cr. 7:14; 1 Pd. 5:6); si tomo en cuenta este principio, todos los programas de liderazgo que emprenda tendrán éxito.
He aprendido que el líder espiritual debe trazarse metas para levar a cabo eficientemente su ministerio; estas metas deben ser trazadas con mucho cuidado y discreción. Como siervos de Dios no debemos caminar a la deriva o a "lo que venga", debemos planear para que tengamos objetivos definidos. Los planes se deben hacer tomando en cuenta a todos los líderes de la congregación, esto implica humildad y deseo de tener comunicación con los hermanos; de esta manera se les acepta como igual a nosotros y se propician las buenas relaciones fraternales.
Sé que como líder espiritual, debo ir hacia mejores objetivos para el beneficio de la iglesia, esto implica preparación y actualización constante en el ministerio; estoy aprendiendo mucho día con día, ya sea a través de la parte práctica como de la teórica a través de la internet y de libros. Siento que la dependencia de Dios es vital en el desarrollo espiritual. Mí deseo es estar siempre en contacto con Dios a través de la oración y de la lectura de su palabra. Todo lo que se ha dicho, según aprendo en la Palabra, debe estar precedido por la fe; porque sin la fe no podemos agradar a Dios (He. 11:6; Ro. 1:17).
Capacidades ministeriales: Pastor-maestro, don de la enseñanza, presidir, dirección, consejería, administración, discipulado, promover estudios bíblicos en el hogar.
Tendencia: Bautista no liberal, conservador moderado. Sé lo que es ser un bautista; rechazo la doctrina pentecostal o carismática. Pero sobre todo, antes de ser bautista soy cristiano, con convicción bíblica cristocéntrico, seguro que en la Biblia está la verdad que se debe predicar.
Dios ha dado diferentes capacidades a la iglesia, cada hermano debe desarrollar su ministerio de acuerdo al don que ha recibido de Dios. Hago énfasis en que el pastor es un capacitador de la iglesia para que ésta trabaje en los diferentes ministerios de acuerdo a Efesios 4. Se aceptan las críticas de los hermanos, éstas deben hacerse en el momento oportuno.
Sé que como líder espiritual, debo ir hacia mejores objetivos para el beneficio de la iglesia, esto implica preparación y actualización constante en el ministerio; estoy aprendiendo mucho día con día, ya sea a través de la parte práctica como de la teórica a través de la internet y de libros. Siento que la dependencia de Dios es vital en el desarrollo espiritual. Mí deseo es estar siempre en contacto con Dios a través de la oración y de la lectura de su palabra. Todo lo que se ha dicho, según aprendo en la Palabra, debe estar precedido por la fe; porque sin la fe no podemos agradar a Dios (He. 11:6; Ro. 1:17).
Capacidades ministeriales: Pastor-maestro, don de la enseñanza, presidir, dirección, consejería, administración, discipulado, promover estudios bíblicos en el hogar.
Tendencia: Bautista no liberal, conservador moderado. Sé lo que es ser un bautista; rechazo la doctrina pentecostal o carismática. Pero sobre todo, antes de ser bautista soy cristiano, con convicción bíblica cristocéntrico, seguro que en la Biblia está la verdad que se debe predicar.
Dios ha dado diferentes capacidades a la iglesia, cada hermano debe desarrollar su ministerio de acuerdo al don que ha recibido de Dios. Hago énfasis en que el pastor es un capacitador de la iglesia para que ésta trabaje en los diferentes ministerios de acuerdo a Efesios 4. Se aceptan las críticas de los hermanos, éstas deben hacerse en el momento oportuno.
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